Adiós verano

02/20/2010

Han pasado muchos meses desde que nuestro viaje al norte terminó. Fueron en total 56 días, 12.000 kilómetros, 4.000 euros y un número incontable de recuerdos (Enseñanzas sobre la vida y esas chorradas no hemos sacado ninguna, seguimos siendo igual de cerrados de mente que cuando salimos). Pero todo lo bueno llega a su fin, y el verano de 2009 no fue menos. Después de él volvieron la crisis, la rutina, el paro, el mal tiempo, y los sueños de otros viajes futuros. Pero antes de dar Donosti – Nordkapp por terminado nos faltaba algo por hacer: colgar aquí la galería de fotos del viaje de vuelta desde Nordkapp, igual que en su día os colgamos la galería del viaje de ida. Pues bien, aquí está…

   

  

  

   

Así que señores, señoras, gracias por su atención … esto ha sido todo… de momento al menos.


¡¡Dindilaria, la casa del Ratón Miguel!

08/27/2009

24 de agosto.

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Todo lo bueno se acaba y nuestro viaje no iba a ser menos. Y qué mejor lugar para terminar que en uno en el que son expertos en finales felices: Disneylandia, antes conocida como Eurodisney. Dindilaria para nosotros.  

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Pero no os penséis que nos vamos a poner ñoños a estas alturas. Siguiendo con la tónica habitual de este blog, tenemos unas cuantas cosas que decir de Disneylandia que no van a gustarle nada a ese cerdo arrogante de Mickey Mouse.

Para empezar, ni todas las lucecitas de colores ni todas las cabalgatas del mundo pueden esconder el hecho de que esto sigue siendo Francia, y por lo tanto aquí no somos bien recibidos. Ya antes de entrar, el gabacho cabrón que debería habernos vendido las entradas con una sonrisa de oreja a oreja, nos despreció cuando pasamos mal la tarjeta por el datáfono. “¿Qué pasa, que en España no usáis tarjetas?”. Y eso fue lo único que se dignó decirnos en Inglés, aunque le dijimos que no entendíamos francés. 

Pero lo más duro fue comprobar que el Pato Donald ha caído en desgracia. Tal vez ha sido el único que ha tenido el valor de decir la verdad: que Hanna Montana es una mierda y que High School Musical apesta. Tal vez los directivos de Disney se hayan cansado de él porque no ha aprendido a hablar bien en 75 años. No sabemos cuál es el motivo,  pero lo cierto es que el pobre Donald no estaba por ninguna parte. Por no tener no tenía ni carroza en el desfile final. Y a nosotros esto nos indigna. ¡Queremos que vuelva Donald!

De todas maneras hay que admitir que Dindilaria ha sido un final bastante apoteósico después de 54 días viviendo en la Pingüineta. 54 días que repetiríamos ahora mismo sin pensarlo un segundo. Que coño, ni medio.

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Brujas

08/27/2009

22 y 23 de agosto.

De camino a Brujas, hicimos una pequeña parada en Amberes para pasear un rato y comprar yogures en el Lidl. Y es que Amberes es una ciudad muy bonita que merece la pena pararse a ver, y el Lidl tiene unos yogures cojonudos y a muy buen precio.

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 Y por fin llegamos a la última ciudad de nuestro viaje, Brujas. La mejor ciudad del mundo. Tiene el casco medieval mejor conservado y más espectacular de Europa, tiendas de chocolate belga por todas partes y 780 marcas de cerveza, también belga, distintas. El paraíso, vamos.

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Después de dos meses de viaje y unas cuantas ciudades, Brujas nos ha parecido una visita imprescindible y, por una vez, no nos vamos a quejar de nada. DSC_0239 DSC_0233

 Brujas sería un gran final para nuestro viaje, pero se nos ocurre uno mejor.


Amsterdam*

08/27/2009

21 de agosto.

A lo largo de nuestro larguiiiiisimo viaje nos hemos acostumbrado a tener que pagar por todo, y no a bajo precio, precisamente. En esto que llaman primer mundo no hay nada que sea gratis. Pero lo de Amsterdam ya nos ha parecido de vergüenza. La hora de aparcamiento cuesta 5 euros, tanto en el parking como en la calle, echar un truño cuesta 50 céntimos y, por no regalar, no regalan ni el plano de la ciudad en la oficina de información, sino que te lo venden al módico precio de 2 euros.

Nosotros, claro, ni aparcamos en el centro, ni cagamos, ni compramos el mapa de las pelotas. A estas alturas no estamos como para derrochar nuestras riquezas, ni aunque sea en necesidades básicas (como aparcar, quiero decir). Pero si pasear por una ciudad aguantándose los apretones y sin saber dónde estás ni qué coño estas viendo se puede considerar turismo, entonces ya hemos visto Ámsterdam. Ahora nos vamos a Bélgica, donde aunque seguro que también cobran por todo, por lo menos tienen cerveza buena.

*Si usted ha leído este post deberá ingresar cinco euros en nuestra cuenta corriente (que hasta ahora sólo corre hacia abajo). En breve le llegará una factura a su domicilio, gracias.
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Copenhague, la ciudad de la sirenita

08/21/2009

18 de agosto.

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Copenhague es la última capital escandinava que nos quedaba por ver. Llegamos tarde y aparcamos con dos cojones junto a la sirenita, uno de los monumentos más famosos de la ciudad.

Al día siguiente nos pateamos la ciudad de arriba abajo, vimos sus monumentos, sus paseos, sus canales y sus hippies zarrapastrosos. Y es que en Copenhague está la Ciudad Libre de Christiania, un sitio que ni es ciudad, ni es libre, ni es cristiana. Es sólo un nido de perroflautas que han confundido la libertad con la mugre y el hippismo con las drogas. Os la enseñaríamos, pero resulta que a estos hippies de palo no les gusta que les hagan fotos como a los monos del zoo, aunque vivan como tales.

Igual os ha sonado un poco nazi, pero toda la culpa la tiene el elefante. Y es que después de visitar la fábrica Carlsberg, y hacer una cata express de cervezas, nos encontramos con esto.

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Esta es la famosa puerta de los elefantes de la Fábrica Carlsberg. Aquí dicen que esa esvástica de dos metros es un símbolo indio de la felicidad, pero nosotros no estamos muy seguros. Se ve a la legua que es un elefante ario.

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Con Copenhague termina nuestro viaje por Escandinavia, pero no lloréis, la vuelta a casa es larga y no nos apetece un huevo hacerla del tirón. Nos vemos en Amsterdam.

*Los autores de este blog no han querido herir la sensibilidad de ningún colectivo, pero si han herido la suya, es que usted es o un hippy zarrapastroso o un nazi asqueroso, y en ambos casos le deseamos lo peor. 

Estocolmo

08/20/2009

15 y 16 de agosto.

Entramos otra vez en Suecia y de nuevo lo hacemos a bordo de un barco de locos. Si el ferry que nos llevó a Goteborg estaba lleno de borrachos y ludópatas, en el que nos lleva a Estocolmo no hay más que tarados. Gente que se sienta en nuestra mesa sin pedir permiso y se pone, por ejemplo, a reventarse las espinillas delante de nosotros (100% veridico).

En Estocolmo, después de buscar durante tres horas un camping que marcaba la puta Lonely Planet y que ya no existía, entramos por primera vez en un área de autocaravanas. Gracias Lonely planet, nos debes 50 € en gasolina.

En cuanto a la ciudad, Estocolmo es un sitio espectacular con canales por aquí, parques por allá y palacios por todas partes. Os lo enseñaríamos, pero hemos contraído el virus Astry.a, que nos impide descargar las fotos desde la cámara y que, para terminar de joder bien, nos envía cada poco una foto de una chica sonriente con la leyenda “Indonesian Smile”. Así que si alguno de vosotros sabe algo de informática, ayudadnos, por favor…. cof, cof!

En cuanto al creador del Astry.a, vamos a por ti, cabrón. Todavía nos quedan quinientos euros y con eso podemos llegar a Indonesia, partirte las piernas y ver China de vuelta a casa. Así que más te vale que vayas escondiéndote.


Tallín

08/16/2009

12 de agosto.

Pasamos nuestra noche número 40 de viaje durmiendo en un parking del puerto de Helsinki. Por la mañana madrugamos para coger el ferry que nos lleva a Tallin. Como resulta que el concepto de ferry que tienen los nórdicos se parece más al casino de Torrelodones que a un barco de pasajeros, hacemos todo el trayecto sentados en el suelo, bajo unas escaleras de ese templo flotante de la ludopatía y el consumismo desenfrenados. 

Podríamos habernos jugado nuestras riquezas en alguna máquina y haber llegado a Tallín como muchimillonarios, pero a estas alturas sabemos que nuestro fuerte no es la suerte. La lluviaza padre que se nos viene encima nada más desembarcar en Estonia nos da la razón. 

Por suerte, Tallín resulta ser una ciudad espectacular. Los estonios están tan contentos de haber entrado en la Unión Europea, que han tirado la casa por la ventana y han dejado el casco medieval de Tallín tan bien restaurado que parece más un parque temático que una ciudad.

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Para terminar de arreglarlo, aquí la cerveza tiene un precio medio razonable, así que aprovechamos el viaje para reponer nuestras existencias con 24 latas. Pueden parecer muchas, pero os aseguramos que somos, con mucho, los que menos alcohol llevamos en el ferry de vuelta a Helsinki. Y es que se da la gilipollesca situación de que los finlandeses producen cerveza, la exportan a Estonia y después viajan hasta allí para comprar su propia cerveza. No hay que ser un experto en economía para darse cuenta de que esta gente está loca.