Adiós Noruega

08/05/2009

5 de agosto.

Nuestra aventurilla noruega ha llegado a su fin. Esta noche dormiremos en Finlandia, si los millones de mosquitos nos dejan. Así que como despedida, aquí os dejamos unas cuantas imágenes de nuestro paso por este país. Si pincháis encima de las fotos, deberíais poder verlas en grande.

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Knivskjelodden

08/04/2009

4 de agosto.

Knivskjelodden SÍ es el punto más septentrional de esta isla en la que estamos, y por lo tanto, según los noruegos, el final verdadero de Europa. Cinco horas nos ha llevado alcanzarlo a pie, para poder hacernos la foto de turno y decir que hemos estado aquí. Lo que pasa es que la cámara de Pat tenía otros planes, y se niega a descargar las pruebas de nuestra hazaña inhumana. 

Por suerte, los lugareños tienen una solución a este tipo de problemas. Aquí es posible encontrar certificados que acrediten que has estado en cualquier parte, siempre que aflojes la pasta como un buen turista. Por desgracia para ellos, nosotros somos unos turistas lamentables.


¡Cabo Norte!

08/04/2009

2 de julio.

Aquí estamos, por fin, a 70º 10” 21’ de la latitud norte. En el culo del mundo. ¡Un mes, nos ha costado llegar aquí! ¡Un mes completo, con sus noches y sus días, con sus lluvias y sus sol… sus lluvias. Un mes para recorrer los 7000 kilómetros de curvas que nos separan de casa. Para conducir más allá del Círculo Polar Ártico. Un mes viviendo en un espacio de tres metros cuadrados… Y a vosotros os da igual. De hecho, estas fueron las reacciones de nuestras respectivas madres cuando les comunicamos que estábamos aquí: 

Dori 

-¡Dori! ¡Que ya estamos en Cabo Norte!

-Ah, y yo a la altura de Jesuítas…

 Eva 

-Ama, que ya hemos llegado a Cabo Norte

-¿Cabo qué?

-Cabo Norte

-Ah…. ¿y es bonito? 

Pues hombre… sí, sí lo es.

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Aunque, bien pensado, también es un sitio bastante absurdo. Porque ¿Qué es Cabo Norte? ¿El punto más septentrional de Europa? No, porque las islas Svalvard, que pertenecen a Noruega, están más al norte. ¿El punto más al norte del continente? No, porque el mismo Cabo Norte está en una isla. ¿El punto más al norte de la isla que está al norte de donde se acaba el continente por el norte? ¡Pues tampoco! Porque esta isla tiene aquí al lado un cabo que llega algo más arriba. ¿Entonces, qué leches es? Pues hombre, está claro, ¿no? Cabo Norte es el segundo punto más al norte de la isla que está al norte de donde se acaba el continente por el norte. Vamos, un sitio al que hay que venir sí o sí.

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Nosotros, desde luego, hemos celebrado nuestra llegada a lo grande: Cena Mexicana (si, en la furgo) y la cerveza de la victoria, una Trappe Quadruple belga de 10º para quitarse el frío ártico de encima.

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Una cerveza que, acompañada de unas cuantas latas más, no sólo nos ha quitado el frío, sino que nos ha proporcionado la resaca más septentrional de nuestras vidas. No os digo más, que nos fuimos a la cama al amanecer, cosa que ocurrió unos diez minutos después de que se pusiera el sol.

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Hoy el título de nuestro blog debería ser Ya hemos llegado, si no fuera porque todavía queda por ver si volvemos a casa.


Islas Lofoten

07/30/2009

29 de julio.

Definitivamente o la UNESCO no tiene ni puta idea, o no ha oído hablar de las Islas Lofoten. Esto es un adelanto.

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 Y por fin, no sólo ha salido el sol, sino que no se mete nunca. Esta foto está hecha a las 12 de la noche.

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 Y ahora unas fotos dedicadas a Lorena 

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Adiós a los fiordos

07/29/2009

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Dejamos atrás los fiordos y enfilamos la carretera que nos llevará a las Islas Lofoten, donde esperamos ver más agua por debajo nuestro que por encima. ¡Al norte!

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Geirangerfjord

07/29/2009

24 y 25 de julio.

 ¡Por fin se han puesto de acuerdo! Esta vez la UNESCO y la Lonely han acertado (y Juanjo también). Geirangerfjord es acojonante.

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El primer día hicimos un descubrimiento importante: la cerveza (Voll Damm doble malta) sabe mucho mejor cuanto más lejos estás de tu casa. Vamos que la distancia es a la cerveza como el tiempo al vino. Además sienta estupendamente y es buenísima para…¡ay! espera, ¿este post no iba del Geirangerfjord? Mirad, mirad ¡qué bonito!

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 También hemos aprendido, que hay una especie de ser humano al que hay que evitar a toda costa. Hablamos del viajero solitario. Y en Geiranger los hay a docenas. Les gusta alardear de sus viajes, preguntarte que de donde vienes, que si a donde vas, que si qué animados, ir en furgo… Y al final, cuando te das cuenta de que llevas tres cuartos de hora cagándote vivo sin poder salir de la furgo para ir al baño, porque ese ser bloquea la puerta y porque te tienes que poner los pantalones (verídico), entiendes por qué viajan sólos. Viajan solos porque nadie les aguanta, porque son como una tonelada de plomo que te cae encima de repente y te impide ir al baño . Y mientras te aguantas los apretones ellos repiten constantemente que si “que gris está el día, qué gris…” ¡mecagüenlaputa venías a Noruega ¿qué esperabas? ¿cielo azul y cocoteros? 

Bueno hablábamos de Geiranger, un pueblo encantador con parajes espectaculares, cascadas en cada esquina…impresionante.

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Para terminar nuestra estancia en este maravilloso lugar, decidimos tirar la casa por la ventana. Cogimos el ferry que te lleva de turisteo por el fiordo. Una experiencia inolvidable, y no nos engañemos, pura cobardía. Preferimos pagar ese ferry para que nos llevara lejos de los 20 kilómetros de carretera con curvas de horquilla y una pendiente del 14 % que tendría que haber soportado la pingüineta para salir de Geiranger por carretera. Todo sea por ella.


Nærøyfjord

07/26/2009

19, 20, 21 y 22 de julio.

Salimos escopeteados de Bergen tratando de huir de la lluvia, como si en este país te pudieras esconder de ella en algún sitio. Vamos hacia el Naeroyfjord, el fiordo más estrecho y, según la UNESCO, uno de los más bonitos del mundo. Claro que también fue la UNESCO de las pelotas la que nos prometió que Bergen era como la tierra de Nunca Jamás, con ríos de chocolate y casas de caramelo. Maldita UNESCO.

De repente, el tunelaco. Diez minutos de bajada y ¡zas! Aparecemos en otro tiempo. O eso es lo que nos pareció al salir del agujero y ver esto:

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Un campamento Vikingo en toda regla, con sus herreros, sus leñadores y sus vikingos haciendo cosas de vikingos. Todo muy auténtico. Incluido el tiempo: Lluvia vikinga.

Como con el Naeroyfjord la UNESCO no se ha tirado de la moto y resulta que sí es espectacular, decidimos tomárnoslo con calma y esperar a ver si escampa. Por primera vez desde que salimos de casa, nos metemos en un camping para poder lavar la ropa. No escampa. Pasamos otra noche en un área de descanso con baños. No escampa. Visitamos algunos pueblos cercanos. No escampa. Perdemos el tiempo, leemos, vemos pelis… ¡O escampas ya me cago en tu puta madre! No escampa.

Así que decidimos seguir adelante con nuestros planes, llueva o no, y sacamos a la luz nuestra pequeña joya marítima: El Drakkarcin Pitufo.

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Lo íbamos a llamar El dragón de los fiordos, pero miradlo. Da pena, el pobre. De todas maneras nos sirve para cumplir el sueño de Jon, (el de ser millonario y vivir en un castillo no, el otro): navegar por los fiordos como alegres vikingos que han encontrado una canoa-chollo en el Decathlon. La paliza, fina. Veinte kilómetros así a ojo, y la vikinga cagándose en el vikingo por haberla liado para hacer semejante chorrada a golpe de remo. Pero que os vamos a contar, mereció la pena.

En compensación por la angustia mental sufrida, el último día en el Naeroyfjord cumplimos el capricho de Pat: subir hasta donde haga falta para sacar una foto de los fiordos como las que salen en los catálogos. Parece que el tiempo va a estar de nuestra parte esta vez, pero sólo es un señuelo para que nos demos la deslomada padre monte arriba. En cuanto llegamos arriba se nubla y empieza a llover. La foto queda bien, pero del fiordo azul de los catálogos ni rastro. A los dioses vikingos no les gustamos nada. Pero nada.

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Ahora seguimos camino de Geiranger, el otro fiordo que según la UNESCO, te cagas por las patas de bonito. Aquí te la estás jugando al mejor de tres, UNESCO.

 *Cualquier amenaza u ofensa vertida en este blog contra la UNESCO es pura casualidad. Los autores no ponen en duda su utilidad como organismo que hace… cosas. Sólo dudan de su buen gusto. 


Bergen

07/22/2009

18 de julio.

 Por fin llegamos a Bergen, y como no podía ser menos, llueve. En una ciudad en la que llueve 275 días al año, no íbamos a tener la suerte de ver el sol. No, nosotros.

 Pero hemos venido preparados  y el tiempo no nos impedirá disfrutar de nuestras vacaciones. Katiuskas, capas para la lluvia, chubasqueros y paraguas.

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Una cosa que nos ha enseñado Bergen es que cuando la Lonely Planet, habla de lugares “pintorescos” hay que desconfiar. Pintoresca puede ser cualquier cosa. Y eso es precisamente lo que nos ha parecido Bergen: una ciudad cualquiera (Lo sentimos, Juanjo).

 No diremos que es fea, porque no lo es, pero la promesa de encontrarnos con una ciudad espectacular, con un barrio medieval de casas de madera a pie de puerto quedó en nada. Bueno, en nada no. Más bien quedó en estas once casas, que son todas las que hay.

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Once casas que salen en todas las postales de la ciudad, y que hacen pensar que Bergen es como Eurodisney. Pero no lo es. Mickey Mouse se pegaría un tiro al día siguiente de llegar aquí.  

A estas alturas del post ya os habréis dado cuenta de que Bergen fue una decepción para nosotros, pero por si os queda alguna duda, esta es una foto tomada media hora antes de abandonar la ciudad.

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Lysefjord, una de cal y otra de arena

07/17/2009

15 y 16 de julio.

Ya empezábamos a dudarlo, pero es cierto, los fiordos existen. Por lo menos el Lysefjord al que llegamos antes de ayer, y que de momento nos ha dado tantas alegrías como penas (sí, somos unos moñas).

 Los disgustos llegaron primero, cuando intentamos llegar al Kjerag, la piedra encajada entre dos paredes que podéis ver en esta foto.

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En las tres horas que nos costó llegar hasta allí, nos cayó la mitad del agua del mundo entero, más los otros tres tercios que nos cayeron a la vuelta. Agua que aquí, cae fría con ganas.

 ¿Y qué interés puede tener una roca gorda empotrada entre dos paredes? Pues bien, resulta que debajo del pedrolo hay mil metros de caída libre hasta el fiordo, por lo que la gente suele subir allí para hacer esto:

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No entrecerréis los ojos, no, que ese no es Jon. Jon estaba escondido a punto de llorar de miedo ante la sola visión de ese subnormal subido en la puta roca. No, en serio, si estuvierais allí lo entenderíais, la hostieja es fina filipina. En cuanto a Pat, estaba demasiado ocupada haciendo la foto, y además había llovido… y la piedra resbalaba mucho… vamos, que entre estas y otras muchas excusas baratas, encontró motivos suficientes para no subirse al Kjerag de los cojones. Además, el chaval ese era un incosciente y un gilipollas, y nos humilló a todos. Lo odiamos ¡lo odiamos!

La otra gran atracción del Lysefjord, en cambio, ha hecho que nos sintamos menos cobardes. El Prekestolen (púlpito) se levanta 600 metros sobre el fondo del fiordo, y aunque si te caes te matas igual que en el Kjerag, por lo menos aquí hay más de un metro cuadrado para estar de pie. De hecho hay unos cuantos. 

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Aún y todo, para acercarse al borde, hay que tenerlos cuadrados, aunque hay algunos trucos que te permiten asomarte sin pasar un mal rato. Obsérvese la aparente seguridad y felicidad de Pat mientras repta al borde del abismo cual lagartija para hacerse la foto de turno.

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Otro buen truco es mostrar la enorme caída, para distraer al espectador de que en realidad uno está a más de dos metros del borde, técnica dominada a la perfección por Jon. (Sí, el de esta foto sí que es Jon)

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Mañana seguimos camino de Bergen, donde a partir de dos metros de altura ponen barandilla, para mayor tranquilidad de nuestras respectivas madres.


De nuevo en la carretera

07/16/2009

14 de julio. 

Bueno, pues ya está, por fin el martes, después de esperar un día más a que llegasen los repuestos para la furgo, pudimos ponernos otra vez en marcha. Al final el problema fue que se había roto una especie de engranaje entre el palier y la caja de cambios (o eso creímos entender de nuestra conversación con el mecánico noruego). La broma supuso un buen mordisco en nuestro presupuesto, pero por suerte habíamos tirado por lo alto al planear el viaje, así que hemos podido afrontarla quitándonos sólo una comida al día, todas las duchas en lo que quede de viaje y vendiendo nuestros pasaportes a unos inmigrantes ilegales. Pero ya estamos otra vez en ruta. Eso sí, de momento viajamos con el culo apretado, emparanoiados con cualquier ruido que creamos extraño. Y la Pingüineta siempre ha sido de hacer muchos ruidos… Que hija de puta.