
¿Te sobas? Párate y soba (la mujer la pones tú)
En una entrada anterior ya os hablamos del finísimo olfato comercial de los daneses, que han sabido explotar “nichos” de mercado desconocidos en España, como la venta de lápidas a pie de carretera.
Pues bien, el saber hacer de esta gente no acaba en el negocio de la muerte. En los últimos años han dirigido sus esfuerzos a hacia el turismo. Y como era de esperar, para ellos promocionar el turismo en un país que no tiene casi nada no ha sido un problema. Y es que ideas no les faltan. He aquí algunas de las joyas de la corona danesa.

El tractor bus de Skagen. Vale 20 coronas (casi 3€) y lleva a los turistas por la playa hasta la “espectacular lengua de arena donde se unen el mar del norte y el báltico”. La alternativa: un paso a pie de diez minutos por la arena. La realidad: un trozo de arena de 15 metros que acaba en agua.
¿Que a algún turista no le gusta el paisaje? Pues toma: Palm Beach de Frederickshavn. Ahí la tenéis. Una playa tropical en plena Escandinavia. La realidad es que esa y otras cinco palmeras de igual tamanio son todo lo que hay. No hay más. Nada.
En las carreteras españolas no es raro ver sitios en las que se venden enanos de jardín y otras horteradas similares como fuentes, imitaciones cutronas del David de Miguel Angel, etc. En las cunetas marroquíes es normal ver gente vendiendo fósiles, auténticos o no.
Pues bien, en eso de hacer negocios en el arcén, los daneses van muy por delante. Tan por delante que ellos directamente venden lápidas. Y no en uno ni en dos sitios, qué va, aquí es tan fácil llenar el depósito como comprarse un pedrolo de granito de doscientos kilos para que te recuerden. Parece una chorrada, pero pensadlo un momento… Sí, es una chorrada.
