Catracroch grrrrr!!!

07/13/2009

10 de julio.

Ese es más o menos el ruido que hizo la furgo subiendo un puerto. O más bien cuando dejó de subirlo. Situación: furgo averiada en mitad de un puerto de montaña de un solo carril, con el triángulo puesto y en medio de ninguna parte. Peor, en medio de ninguna parte de Noruega. Y llueve.

 Por suerte, en ese mismo momento aparece la furgoneta amarilla de Jose Luis y familia. Unos santanderinos con los que nos hemos cruzado hace dos días en Suecia. Sin su ayuda, todavía estaríamos allí, con el chaleco puesto y la furgo rota, esperando a que llegase la grúa en nuestra ayuda. Son ellos los que nos proponen dejarla caer carretera abajo, los que nos remolcan colina arriba y los que nos ayudan a buscar un taller en la minúscula aldea en la que nos encontramos (que ha resultado tener tres talleres). Y por ello les estamos infinitamente agradecidos.

 Por desgracia, son las 7 de la tarde del viernes, así que no hay un sólo negocio abierto en el minúsculo pueblo de Dalen, que es a donde hemos podido llegar dejando caer la furgo en punto muerto. Así que toca llamar al seguro para que nos lleve la furgo a alguna parte. Le damos al buen señor que nos atiende nuestra dirección, una gasolinera en mitad de la calle principal de Dalen, y nos sentamos a esperar.

 Después de una hora y media nos llama un danés para preguntarnos que a ver qué nos pasa, y nos enteramos de que nadie ha llamado a la grúa todavía. La noticia de nuestro infortunio acaba de llegar a Copenague. “Ahora aviso a Noruega” dice el tío. “Ah, muy bien, gracias por saltarte el paso de Suecia, subnormal”. Volvemos a la furgo, que agoniza en un descampado cincuenta metros calle arriba, cenamos casi a oscuras y nos metemos en la cama.

 Hacia las doce de la noche nos despierta una llamada del gruísta, un tío clavado a Frankenstein pero en rubio. Por suerte, el hombre es un profesional como la copa de un pino. Cruza el camión en mitad de la carretera, carga la furgo en la cajera, y nos asegura que va a llevarnos a un taller especializado. Después conduce cincuenta metros hasta la parte trasera de la gasolinera en la que hemos estado esperándole, y descarga allí la Pingüineta. Sí, el seguro ha mandado una grúa desde Oslo (a tres horas) para llevar la furgoneta exactamente a la misma dirección en la que les he dicho que estoy tirado. Para que luego digan que hay crisis.

 Una vez acomodados en nuestro nuevo aparcamiento, sólo queda esperar. Esperar dos largos días hasta que el lunes abra el taller y podamos saber por fin por cuánto nos va a salir la broma. Estar en el país más caro del mundo no resulta precisamente esperanzador.


Señales de tráfico noruegas

07/13/2009

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¿Te sobas? Párate y soba (la mujer la pones tú)